Foto: Claudio Olivares

Desde hace algunos años la mayoría de la humanidad es urbana. Latinoamérica es uno de los continentes más urbanizados y Chile va mucho más allá, con casi el 90% de su población viviendo en ciudades.

Sin embargo, sólo recientemente, en Chile la ciudad es parte del debate democrático y ha empezado a relevarse en la discusión pública. No obstante ello, los temas urbanos son tratados con una perspectiva sectorial, tecnocrática y con una gestión administrativa igual de fragmentada y conservadora que no comprende la ciudad como un todo, más allá de las escalas y los límites comunales. Esa mirada es muy ajena a la experiencia de las personas, lo que genera nuevas dificultades y pierde oportunidades valiosas a la hora de intervenir en el territorio.

La ciudad es reflejo de la sociedad que tenemos, de sus logros y rezagos, de su desigualdad y su compleja convivencia, pero también de sus oportunidades. A su vez, la ciudad nos condiciona y, potencialmente, puede ser un factor de cambio para bien o para mal. Lograr que este potencial de cambio genere valor público y social es nuestro principal desafío como institución.

La relevancia de lo anterior se refleja, entre otros, en la Nueva Agenda Urbana adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y El Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), desarrollado en Quito, Ecuador, el año 2016

Oportunidades urbanas

Desde la ciudad es posible reproducir o incluso ampliar las desigualdades de nuestra sociedad, pero también es posible contenerlas y reducirlas. La vida urbana puede ser un motor para el desarrollo sostenible o puede transformarse en un obstáculo para alcanzarlo.

La ciudad es el soporte de nuestras actividades cotidianas, de nuestra vida económica, social y cultural. Además, la ciudad es donde nos encontramos y nos reconocemos. Desde allí se construye nuestra experiencia como personas y nuestra identidad.

El espacio público, las calles y redes de transporte, nos conectan dentro de la ciudad y definen el pulso de nuestra vida urbana. La movilidad, entendida como la necesidad de desplazarnos cotidianamente, es un aspecto esencial de la experiencia de vivir en una ciudad.

En Chile urge integrar políticas públicas para el desarrollo equitativo y sostenible de nuestras ciudades, utilizando perspectivas multidisciplinarias y poniendo a las personas, sus experiencias y calidad de vida al centro de las decisiones. De la misma manera, debemos cultivar nuestra capacidad de encontrarnos en la diversidad, aprender a debatir constructivamente, convivir con respeto, sin temor, y generando un derecho a la ciudad que sea realidad para todos. El punto de partida es lograr avanzar hacia una ciudad más justa; el camino es alcanzar un desarrollo sostenible desde el punto de vista social, ambiental y económico, pero el punto de llegada es que todos tengamos acceso a una buena calidad de vida y podamos buscar la felicidad viviendo juntos y compartiendo la ciudad.

Asimismo, es necesario dar cuenta que si bien el desarrollo de las ciudades se produce tanto por la acción del Estado, en planificación e inversión, y del sector privado con su inversión, es posible advertir que ha existido una colaboración público-privada que es necesario reformular. Afortunadamente, se empiezan a conocer proyectos que dan cuenta de esa colaboración pública-privada, con incorporación de la comunidad y entidades no gubernamentales, ejemplos que permiten demostrar que ese es el modo que de mejor manera se logra un desarrollo armónico de las ciudades.

El proyecto de esta institución busca idear y realizar nuevas formas de colaboración, que den cuenta de la expectativa de ciudad que tenemos, en que cada actor aporta a una visión compartida abriendo camino para cambios que generen valor público y social en la ciudad.